Los momentos en que las fisuras generan interrogantes que permiten abrir nuevas ventanas… Son los momentos valiosos, los de duda, de incertidumbre. Cuando lo que diverge es la posibilidad de lo inesperado, lo nuevo, y lo deslumbrante.

Leo trae en su pecho un corazón de oro.

Escondido de arañazos, lo ostenta con sonrisa.

Y pasea bajo los aromos encendiendo el tiempo

de complacencia y dulce inocencia.

Un impacto de bala emocional

que no deja de rasgar

a pesar de las armaduras del tiempo.

Me estremece esa edad sin haberla vivido.

Sólo pude percibir la premura del momento

inmerso en cierto silencio.

Silenciar cualquier eco que reviviera el dolor.

La búsqueda del olvido en cualquier sentido.

Pero olvido es falta de raíz, y al final

el recuerdo es social; por eso aún

me enciende tantas palabras dentro.

El verano se estremece.
Las hojas sobrevuelan el cemento ardiente
y entrelazan los matices desgastados
en la cadencia adormecida de la tierra
en un viejo reflejo que anuncia otoño
entre las calles polvorientas.

La sombra del árbol.
Recostándome en la brisa,
el silencio pasa.

Esa cosa borrosa llamada realidad.

Esa cosa borrosa llamada realidad.

Nunca más.

La tristeza de una historia remecida a golpes. 

Golpes invisibles, sonoros desde el grito ahogado, 

desde el llanto contenido. 

Una lágrima que captura la luz, los instantes de la miseria, 

perdiéndose como las ganas en el suelo húmedo de sangre. 

Los rostros han envejecido y sus ojos se han vuelto ausentes,

perdida la mitad de la vida en una memoria sin tiempo,

aquella que yace ahora entre escombros ardientes

para que nunca más hiera con sus manos, ni su boca

profiera los gritos desarmados.

Su alma, niña, ha quedado libre. 

Y sus labios, secos, mantienen el silencio.

1º parte - parpadeo

Ese hálito de no sé dónde no podía durar por siempre, hubiese estallado en llamas.  La caída de Ícaro fue larga (aunque rápida), dicen, y la mía continúa aún. 

 


Parpadeamos cuando refrescamos la mirada, también cuando despertamos lentamente, y cuando una luz intensa nos obliga a hacerlo.  

El parpadeo nos renueva el mundo en menos de un segundo.

Querida vida:
hoy olvidé respirar,
hoy lo incidental desmenuzó el momento,
hoy lo casual me estremeció,
hoy llueven formas sin nombres a mis ojos.
Así, te escribo.

Obra de Luis Camnitzer.  El tronco echado en el hall de entrada del MAC, con sus raíces recibe al visitante. Su corteza es recubierta por lápices superpuestos a lo largo.  Contrastes: sintético/natural, pulido/áspero, liso/rugoso, reflectante/opaco, color brillante/color opaco.

Obra de Luis Camnitzer. El tronco echado en el hall de entrada del MAC, con sus raíces recibe al visitante. Su corteza es recubierta por lápices superpuestos a lo largo. Contrastes: sintético/natural, pulido/áspero, liso/rugoso, reflectante/opaco, color brillante/color opaco.

En esto de los sueños, despierto y susurro tu nombre.